Fiebre de Dragón Amarillo.

Por Omar López Montenegro.

Cuba está viviendo en la actualidad una verdadera “fiebre” de estadísticas. En una extraña suerte de prestidigitación aritmética, los números y por cientos han estado inundando las noticias sobre Cuba en el último mes, emitidos por una entidad, la Oficina Nacional de Estadísticas, cuyas propias siglas, parecen sugerir una especie de burla del destino, para mayor sorna en Inglés, el idioma del “enemigo”. Porque no hay otra, la ONE es la única, the one and only, que emite estadísticas oficiales. Lo demás, de acuerdo al régimen, es simplemente “propaganda enemiga”.

Sorprende este nuevo protagonismo de la ONE, más inusitado aún teniendo en cuenta que los datos que aporta evidencian, sin lugar a dudas, que el país se está cayendo a pedazos. Aumento de la corrupción; incremento del delito; emigración incontrolable del campo hacia La Habana y de La Habana al exterior, con un incremento de un 2.9% en el 2010 con relación al 2009. Si a esto le sumamos el aumento del número de muertes y la disminución de nacimientos reportados, puesto que quienes emigran son especialmente los jóvenes en edad de procrear, la imagen de Cuba como un país sin futuro deja de ser una formulación política para convertirse en una cruda realidad numérica. Sin embargo, y valga aquí más que nunca la frase, puesto que estas realidades son consecuencia única del actuar del régimen y no de potencias extranjeras, las cifras aportadas por esta omnipotente oficina no son más que el reflejo de una trampa en la el propio régimen se ha colocado, no por voluntad propia, sino porque simplemente no ha tenido otro remedio. El desmantelamiento del sistema de estado-patrón ha traído a la superficie todos los problemas subyacentes de la sociedad cubana, como “daño colateral” del nuevo diseño económico del sistema.

Estas cifras no se las acaba de extraer la ONE de la manga por arte de birlibirloque sino que más bien son sólo la punta del iceberg sobre problemas más serios que no se publican en los medios oficiales. Los síntomas son de una sociedad en plena descomposición, de ahí que se haya renunciado al diseño netamente “ideológico”. Hay toda una reformulación del sistema en marcha, y está claro que el régimen se prepara para las posibles consecuencias de la fractura que se avecina, asomando por todas las rendijas de la sociedad cubana.

En esa línea se inscriben los llamados “ejercicios” de los CDR para prevenir las “indisciplinas sociales”, los cuales intenta prevenir el surgimiento de una inestabilidad social en la Isla, más difícil de controlar que la propia disidencia política. Los llamados “lineamientos” tampoco han podido resolver ni siquiera paliar el lado económico de este problema, y para colmo, otras cifras hablan de un descenso de los ingresos por exportación de cítricos de 170 millones de dólares en 2009 a 30 millones en el 2010, debido al tiro de gracia propinado a la cosecha del sector por la bacteria Huang Long Bing (HLB, “dragón amarillo”), oriunda de China, que provoca la caída anticipada del fruto.

Otra evidencia que soporta esta tesis son los cables de Wikileaks sobre el cierre de Vitral, que reafirman un secreto a voces. Al ser la Iglesia Católica, una de las pocas entidades independientes capaz de aglutinar capital humano y presentar una agenda social, el régimen prefiere una relación de “compromiso constructivo” para controlar su discurso y sus acciones, ya sea de forma directa o indirecta.

De ahí las represiones contra la Iglesia Metodista y las ceremonias del Pastor Toranzo y la presencia del Pastor Llenart. Es evidente que el régimen le teme a la presencia de líderes religiosos en franca oposición, porque le podrían brindar al movimiento cívico independiente un elemento místico y aglutinador capaz de conformar finalmente una identidad nacional opositora. Si ese fruto cae antes de tiempo, podría ser una epidemia más poderosa que la bacteria china.

La plaga que más teme el régimen no es el “dragón amarillo” de los cítricos, sino el hecho que se pueda desatar una “fiebre” de oposición ante la agudización inevitable de los problemas sociales en el país. Ante una enfermedad social de este tipo no valen formulas mágicas, por muy únicas y originales que puedan parecer. La gran paradoja del castrismo es que al no tener otra salida que rediseñarse para sobrevivir, ha ampliado el espectro de posibilidades de quienes se oponen a su supervivencia.

Fuente: Radio Martí

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