¿Árboles caídos?

Por José Hugo Fernández.

Como la clásica bola de nieve, parece agrandar sus proporciones, según rueda, el efecto ninguneo que hoy pone en solfa a los más antiguos opositores políticos cubanos de filiación pacífica. Es otra zancadilla que nos auto-infligimos, con el aplauso del régimen, presionados tal vez por la impaciencia. Y por si fuera poco, estimulados por ciertas revelaciones de WikiLeaks, según las cuales en los Estados Unidos se ha modificado el enfoque, digamos, oficial sobre la importancia de estos disidentes.

Dicen que dice Wikileaks, que la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana ha descartado que nuestros viejos opositores pacíficos puedan llegar al poder en Cuba, así que ahora apuesta por la rebeldía de los más jóvenes.

Además de muy dañino, sería torpe que nos dejáramos influir por criterios como de esta índole que, en principio, se basan en un error de enfoque, sea quien fuera el que lo hizo.

Porque esencialmente el objetivo de nuestros viejos opositores (y en ello coinciden cien por ciento con las nuevas hornadas de la disidencia) no es, no ha sido nunca conquistar el poder, sino demostrar que es posible y necesario enfrentar a la tiranía, y que es viable, además de racional y justa, la aspiración de echar por tierra lo que los caciques consideran la irreversibilidad de su sistema totalitario.

De cualquier modo, antes de perder la brújula estableciendo distinciones de superficial apariencia, y lo que es todavía peor, sacándonos de la manga posibles rivalidades entre las antiguas y las jóvenes generaciones de nuestra oposición pacífica, nos convendría observar la actitud respetuosa y solidaria que los segundos manifiestan siempre ante los primeros, públicamente, sin ambages.

La razón es simple. Su experiencia, en el breve tiempo que han vivido como disidentes, permite a los jóvenes comprender el enorme sacrificio que le ha costado a los viejos el ejercicio de la oposición política durante largos años y en medio de las circunstancias más adversas: aislamiento a nivel nacional e internacional, difamación sistemática, cárcel, violencia institucionalizada, miedo de la población, asedio, descrédito, marginación social y represiones de todo tipo.

Hay algo que no se tiene suficientemente en cuenta a la hora de calificar a nuestra oposición política como apocada o pusilánime, y es que en el plano personal cada uno de sus miembros es un corajudo neto, y que todos en conjunto extienden una lección de valentía humana y política como se han visto pocas en la historia de Cuba. Pues al tiempo que defienden consecuentemente la no violencia como alternativa de lucha, ellos viven expuestos, junto a toda su familia, a las más sucias formas de violencia real y psicológica con que el régimen trata de aniquilarlos.

Quizá, a fin de cuenta, esta nueva ola descalificatoria no responda sino a otra de las tácticas diseñadas por los caciques contra nuestra vieja disidencia. Y si no lo es, no hay nada que se le parezca tanto. Observemos que ni siquiera se trata del socorrido vicio de hacer leña con el árbol caído. Es más bien una clara intención de derribar al árbol con el premeditado propósito de convertirlo en leña.

Fuente:
Cubanet

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